Agrotóxicos

LA PROBLEMÁTICA DE LOS AGROTÓXICOS Y LOS MONOCULTIVOS EN ARGENTINA.

EL MODELO AGROALIMENTARIO ACTUAL:

Actualmente, inmensas superficies argentinas se están destinando (en lugar de cultivar alimentos variados que podrían alimentar a más gente y erradicar el hambre y la pobreza), a producir soja transgénica destinada a dar alimento a animales de granja de países europeos y asiáticos.
Cada año, 350 millones de litros de agrotóxicos, de los cuales el GLIFOSATO ocupa el primer lugar, son regados en la Argentina donde viven más de 14 millones de habitantes, para desmalezar y combatir las plagas de esos cultivos.
El avance de la frontera sojera en nuestro país es una amenaza para el medio ambiente y las poblaciones del campo y también de las ciudades, ya que se benefician unos pocos con las rentabilidades millonarias de la soja, se concentran tierras y a la vez esto trae desplazamiento de comunidades campesinas y pueblos originarios, desempleo por la poca mano de obra que se necesita, pérdida de la diversidad de cultivos, contaminación del medio ambiente y consecuentemente enfermedades graves y deterioro de la salud de personas y animales, depredación de los suelos y deforestación que contribuye enormemente con el cambio climático, pérdida de la biodiversidad e inutilización de la tierra, porque ahí donde se plantó soja, no crece ningún otro vegetal por años.
La organización “Médicos de Pueblos Fumigados” viene estudiando y denunciando esta problemática desde hace varios años, junto con muchos científicos y diversos actores sociales de todo el país.

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LA  AGRICULTURA QUÍMICA TÓXICA:

Hoy en día, la mayoría de los cultivos de frutas y verduras del país son tratados con agroquímicos en todas sus etapas de producción. Ello significa que prácticamente todos los alimentos que llegan a nuestra mesa contienen tóxicos en mayor o menor medida.
Un estudio reciente de científicos de la Universidad Nacional de La Plata, llevado a cabo durante un año, confirmó que 8 de cada 10 frutas y verduras que consumimos tienen concentraciones altas de agrotóxicos, por encima de lo permitido para consumo humano.
Otros estudios llevados a cabo en nuestro país revelan que personas del campo y de la ciudad tienen niveles de agrotóxicos detectables en sangre, lo que confirma que el problema de la contaminación por estas sustancias no es solamente del campo o los trabajadores rurales, sino que llegan a la gente de las ciudades a través de los alimentos, lo que convierte a esto en un flagelo extendido a todos los habitantes de Argentina.
Diversos estudios de innumerables científicos de todo el mundo demuestran que estas sustancias producen cáncer, malformaciones congénitas, abortos espontáneos, retraso mental y del crecimiento, enfermedades respiratorias, digestivas y del sistema nervioso central, son disruptores endócrinas y sigue la lista…
Esto es grave, abarca a todas las provincias y el Gobierno oculta información poniendo en riesgo deliberadamente a todos los argentinos.

LOS  OGM Y EL FAMOSO “PAQUETE BIOTECNOLÓGICO”:

71463a30b31c1cd2f7073531db5414a7_articleLos OGM (organismos genéticamente modificados) son vegetales a los cuales se les manipula su ADN con el fin de modificar sus características físicas, así, son más grandes, más bellos estéticamente, crecen más rápido, están libres de plagas y sobre todo son resistentes a los agrotóxicos. Sus semillas se venden junto con el químico que se les debe aplicar. El problema es que estos hacen tolerancia y resistencia y por ello se deben usar cantidades cada vez más grandes de estas sustancias nocivas que son innegables biocidas, ya que los agrotóxicos además de matar la plaga o maleza que se combate, eliminan las especies beneficiosas y todo lo que tenga vida alrededor. Al eliminar a las especies beneficiosas que combaten las plagas, estas últimas aumentan produciendo un desequilibrio en la simbiosis natural, y los productores deben aplicar cantidades más grandes de agrotóxicos, lo que conforma un círculo vicioso inacabable y lleva a la utilización de combinaciones de químicos mucho más peligrosas e inclusive a utilizar productos ya prohibidos por su alta toxicidad, que son contrabandeados desde otros países.eco_a5

Entre los cultivos OGM más importantes se encuentran la soja, el maíz y el algodón, pero se está experimentando con un enorme número de otros vegetales.
El químico más usado es el GLIFOSATO, un herbicida recientemente clasificado y declarado por la IARC de la OMS como “probablemente cancerígeno”. Estudios de científicos como el Dr. argentino ANDRÉS CARRASCO o el Dr. Sèralini, confirman de manera contundente los efectos devastadores en la salud por exposición a dosis ínfimas de glifosato, que producen cáncer, abortos espontáneos, malformaciones congénitas graves, enfermedades respiratorias, dermatológicas y metabólicas, entre otras.

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El otro gran problema que presenta la manipulación genética es que no hay una base científica sólida que garantice la inocuidad para los humanos y el medio ambiente, porque se sabe que estos genes modificados pueden contaminar otras especies, por lo tanto, pretender jugar a ser Dios en un laboratorio experimentando la transgénesis, es jugar con una bomba de tiempo impredecible, violar los mecanismos naturales y olvidar que la evolución de todas las especies se sucedió en un periodo de 350 millones de años.  Esto también lleva implícitamente a la humanidad a la pérdida de la cultura agrícola que se ha desarrollado a lo largo de más de 12000 años, ya que ahora se pueden diseñar vegetales en los laboratorios y prescindir de los conocimientos tradicionales agrícolas. Esto es una verdadera ciencia para la industria y no para las personas, por eso es necesario empezar a plantearnos: CIENCIA, ¿para qué y para quién?
Países como Francia, Alemania, Hungría, Bélgica, Finlandia, Bután, Cuba y muchos otros han prohibido el cultivo de transgénicos en sus territorios, mientras que en Argentina se realizan nuevos experimentos con subsidios aportados por el mismo Gobierno Nacional y se autoriza la liberación de más y más de estos cuerpos extraños al medio ambiente. Un verdadero genocidio y ecocidio silencioso…

LA SOBERANÍA ALIMENTARIA Y LA NUEVA LEY DE SEMILLAS:vc7

La soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos  a definir su alimentación y  su agricultura, a proteger y regular la producción y el mercado de los productos agrícolas con el objetivo de lograr el desarrollo sostenible, la autosuficiencia y garantizar una alimentación nutritiva, inocua y culturalmente adecuada.

El modelo agropecuario actual está muy lejos de garantizar la soberanía alimentaria en nuestro país, donde cada vez se producen más monocultivos y menos variedad de alimentos, los cuales son cada vez más tóxicos, de menor calidad y más caros. La alimentación saludable es un derecho humano básico que se ve vulnerado por responsabilidades que incumple el Estado Nacional, el cual es cómplice de las grandes empresas de semillas y agrotóxicos, como Monsanto, Syngenta, Bayer, Basf, Dow y otras, a las cuales se les crean leyes hechas a medida de sus necesidades y las que ordenan entre otras atrocidades el patentamiento de semillas, y con ello, el patentamiento de la vida misma. Así, la nueva Ley de semillas o “Ley Monsanto” beneficia a las grandes corporaciones y a los políticos corruptos, y vulnera o destruye el derecho a la vida.

LAS LUCHAS SOCIALES POR EL BUEN VIVIR: MALVINAS Y EL ACAMPE POR LA VIDA:

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En el año 2001 un grupo de madres del Barrio Ituzaingo de Córdoba advirtieron que sus vecinos y familiares comenzaban a enfermar de cáncer y y otras patologías graves, y decidieron hacer un relevamiento casa por casa que reveló una conexión entre esto y las fumigaciones con agrotóxicos. A partir de ahí comenzaron a denunciar esta problemática y a llevar a cabo acciones para evitar las fumigaciones sobre el pueblo.
En el año 2013 la empresa multinacional Monsanto pretendió instalar su planta de procesamiento de semillas y agrotóxicos en Malvinas Argentinas, a 16 km de la capital cordobesa. Un grupo de vecinos y asambleístas bloquearon el acceso a la planta y acamparon frente a esta, este bloqueo continúa hasta el día de hoy. Ellos son un símbolo de la resistencia a este modelo agroalimentario tóxico y a la neocolonialización que pretenden estas empresas monstruosas con la complicidad del Estado y los políticos de turno.
A lo largo y ancho del país las personas agrupadas en asambleas y los afectados directos denuncian y luchan contra el modelo de enfermedad y depredación que nos imponen y que cada vez se expande más a un ritmo acelerado e incontrolable.

CONCLUSIÓN:

Como integrantes de la sociedad, tenemos derecho a una soberanía alimentaria construida desde el pueblo mismo, para decidir sobre nuestros alimentos y modos de vida. El Estado debe garantizar el acceso al agua potable, a alimentos saludables y nutritivos y a un ambiente sano, tal cual lo dicta nuestra Constitución Nacional.
Debemos hacer valer nuestros derechos alzando nuestras voces y uniéndonos en la lucha para vivir dignamente.