Un modelo científico al servicio de las empresas

Escrito por Dario Aranda

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Mirta Varela escribió el 7 de noviembre una columna de opinión en Clarín. Cuestionó el posicionamiento de funcionarios e investigadores, en nombre de universidades y del Conicet, con recursos públicos y con fines partidarios. “Resulta penoso ver cómo quienes debieran salvaguardar el pensamiento crítico se han convertido en aplaudidores seriales”, cuestionó la investigadora del Instituto Gino Germani de la UBA.
Y los interpeló por su silencio ante el uso de agroquímicos, la megaminería y la eliminación de estadísticas de pobreza en el Indec.

¿Qué repercusiones tuvo de esa columna?

-Me llamaron y escribieron muchos colegas. Estaban de acuerdo pero paso seguido me decían “te inmolaste”.

¿Por qué?

-Es que son gestiones (del Conicet y la Facultad de Sociales) muy alineadas con el Gobierno (anterior) y las represalias no se hacen esperar. Se castiga la crítica a la ciencia hegemónica.

¿Por qué cuestionó el pronunciamiento de la Facultad de Ciencias Sociales previo al balotaje?

-Porque no hubo debate interno y porque funcionarios e investigadores no pueden utilizar el nombre de universidades y del Conicet con fines partidarios. Es inaceptable porque la UBA y el Conicet no le pertenecen a ningún gobierno, aunque en algunos casos se les haya aplicado una lógica clientelar, que castiga a los no alineados con el gobierno y el modelo científico. También me gustaría aclarar que no estoy en contra de la ciencia o de la inversión pública en ciencia. Estoy en contra de un modelo de gestión del conocimiento y de la falta de autonomía respecto de la política.

¿Cómo se dan las represalias en el Conicet o en la Universidad?

-Evaluaciones permanentes con criterios poco claros, negación de financiamientos o becarios. Son múltiples las formas y conocidas en el sistema científico. En la Facultad es más claro. Crean estructuras paralelas, cátedras, áreas con las mismas competencias para intentar vaciar las ya existentes. Me pasó en la Facultad con la creación de una revista paralela a la que hacemos (“Cuadernos de la Red de Historia de los Medios”).

Modelo
Recuerda una charla pública de Andrés Carrasco (embriólogo molecular que confirmó los efectos del herbicida glifosato y fue desprestigiado por Lino Barañao, autoridades del Conicet y los medios del agronegocios). “Súper razonable todo lo que publicó y muy tremendo como reaccionó el Conicet y el ministro Barañao, con ataques personales y desconociendo trayectorias y trabajos”, cuestiona.

¿Qué evaluación hace del Conicet en los últimos años?

-Se incrementó el modo en que el Conicet orienta el financiamiento a ciertos sectores con muchos cuestionamientos.

¿Por ejemplo?

-Hay proyectos digitados entre el Conicet, universidades e YPF para avanzar con el fracking (“fractura hidráulica”, una técnica muy cuestionada por sus aspectos ambientales y sociales). El Conicet avala eso, lo impulsa, y no dice nada de las consecuencias. Tampoco dicen nada muchos científicos que saben que eso sucede.

¿Es algo explícito y los científicos no lo denuncian?

-Entrás a la página del Conicet y son públicos los convenios y cofinanciamientos con industrias en pos de un proyecto. Son claras las políticas de muchísimos recursos para el modelo transgénico y, en los últimos años, con YPF y el fracking. Y claro que dejan de lado los grandes cuestionamientos que tienen esas actividades. Es de una enorme irresponsabilidad no ver las consecuencias de fomentar este modelo de ciencia. Los científicos ya no pueden negar los efectos de los agroquímicos, las enfermedades, las transformaciones en la sociedad, migraciones, la tierra en pocas manos. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Casi no se conocen, desde el ámbito científico, críticas públicas al Conicet o al Ministerio de Ciencia.

-No ha habido critica.

¿Por qué?

-El sistema científico premia al que repite y no al que innova. Y también premia a quien no cuestiona de dónde proviene el dinero de su investigación… tiene que ver con el incremento del financiamiento. A todos nos ha parecido beneficioso, pero también paralizó cualquier postura crítica. Hubo un claro aval a la política de más recursos, pero nada se dijo del modo en que se orientaban o se manipulaban esos recursos. Y al mismo tiempo sí ha habido una utilización del sistema científico como propaganda gubernamental. Es una idea muy errada de la ciencia y tampoco contribuye a ejercer la crítica desde la ciencia misma.

Al mismo tiempo hubo muchos recursos y posicionamiento, desde el kirchnerismo, de la importancia de “la ciencia”.

-Sí, claro, es que van juntos. Se señala el valor de la ciencia pero se le quita autonomía. Se anuló la capacidad crítica de la ciencia y eso conlleva al desprestigio. Hubo un claro beneficio económico, con una extrema cuantificación del modelo de trabaja (solo importa cuántos “papers” publican), se transformó en un beneficio corporativo, sin cuestionar el modelo de ciencia y técnica y con una lamentable pérdida del rol crítico del científico. Así se explica que el ministro Barañao diga que los agroquímicos son como antibióticos, una barbaridad, y ningún científico le salga al cruce. Eso demuestra que estamos en problemas.

Sin embargo es todo un sello cuando habla alguien del Conicet.

-Ningún hecho es cierto ni está bien porque lo diga el Conicet. A esta altura es una cucarda y hay que cuestionarla. No podés pensar conocimiento si no pensás las estructuras de ese conocimiento y qué intereses la atraviesan. Si te financian para desarrollar transgénicos o para hacer fracking existe una clara línea ideológica y toma de posición ante la realidad. Por eso mismo hoy tiene menos valor pertenecer al Conicet, tiene mucho que ver la pérdida de sentido crítico y eso devaluó a la institución. Muchos tienen miedo a perder esa cucarda que es el Conicet, pero hay que cuestionar el sistema desde adentro e impulsar cambios reales en las estructuras y visiones de ciencia y técnica.

¿Qué responsabilidad le cabe a los científicos en este modelo académico volcado al mercado en general y al extractivismo en particular?

-Les cabe toda la responsabilidad. Si los científicos contribuyen a producir conocimiento que permite el extractivismo o a legitimar con sus avales lo que realizan las empresas, o a promover un modelo económico o social que es concomitante con esas prácticas, les cabe toda la responsabilidad de las consecuencias ambientales y sociales que sus dichos o prácticas puedan acarrear. Si esto no fuera así, el conocimiento científico carecería de valor. En tanto investigadora de organismos públicos, mi deuda siempre es con la sociedad. Si los intereses entre el mercado y la sociedad entran en conflicto, no puede caber duda de qué lado pararse.

Fuente: http://brujulacomunicacion.com/index.php/noticias/notas/item/1713-un-modelo-cientifico-al-servicio-de-las-empresas

 

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